"Was ist Politik?" auf Spanisch

Unser Leser Carlos Rodrigo Zapata C., der den Blog: http://yapukamani.blogspot.com/ betreibt, hat meinen Artikel vom 10 September über die Frage, was Politik in der Eurozone bedeutet, in Spanisch übersetzt. Vielen Dank dafür! Hier die Übersetzung, die Sie vielleicht an Spanisch sprechende Freunde weiterleiten wollen.

¿Qué es la política? Una nota a la discusión de la izquierda sobre el Grexit

Cada vez que se discute temas políticos, se discute cuestiones de poder. Si quiero resolver políticamente un problema, necesito tener el poder para resolverlo. Dentro de los Estados democráticos deciden las elecciones (al menos en teoría) sobre quién tiene autoridad para ejercer el poder. Entre los Estados, la situación es mucho más complicada. Quiere un Estado instar a otro a algo que contradice sus objetivos y creencias, debe disponer de medios de poder, con los que creíblemente pueda amenazar al otro Estado en el sentido que aplicará sanciones si la otra parte no se doblega.

Grecia en relación con el Eurogrupo y Alemania era un juego de poder de fácil comprensión. Grecia no tenía nada que le hubiera permitido imponer su posición, los otros tenían todos los medios para hacer valer su posición sin ninguna objeción, porque ellos contaban con el dinero que Grecia necesitaba, pero no lo tenía.

En general, se puede valorar las opciones que ofrecen las negociaciones intergubernamentales para uno de los dos socios, sólo cuando se entiende, quién qué poder tiene a mano en una situación concreta. En la relación entre Alemania y los países de la Eurozona que tienen problemas financieros, se tiene que entender por encima de todo, qué posición de poder tiene el acreedor en relación con el deudor. Alemania ha construido a través de su posición competitiva superior (sin duda adquirida injustamente) y sus superávits extremos en cuenta corriente una posición de poder que es difícil afectar. A Alemania le va económicamente mejor que a los otros países, debido a que ha exportado gran parte de su desempleo. Alemania es por la misma razón también el mayor acreedor y con ello es el país que puede resolver los problemas de los países con déficit, si pierden el acceso al mercado de capitales, porque han perdido su competitividad (especialmente ante Alemania, nuevamente).

Eso significa una distribución muy asimétrica de poder en las negociaciones y por eso se puede comprender fácilmente cómo concluyen. Lo único que pueden esperar los países deficitarios y deudores (y sus defensores en la izquierda) es una cierta aceptación del acreedor Alemania, una disposición de abandonar su posición voluntariamente. Pero, ¿por qué debería hacerlo el gobierno alemán bajo el liderazgo de la CDU (y otra constelación no es imaginable en los próximos años, porque a Alemania le va relativamente bien)? Para la CDU, es absolutamente esencial, asumir siempre una posición que refleja directamente los intereses de la industria alemana, que se halle, microeconómicamente fundada y justamente no macroeconómicamente (he fundamentado eso aquí en detalle). Pero la industria alemana nunca aprobará una posición que apunte a conceder a la economía en otros países una mayor cuota de mercado. Pero eso es exactamente lo necesario para resolver la crisis, en ello no cabe duda alguna. Y quien crea que con el SPD se puede hacer una política sensata en el próximo tiempo, debe leer su „documento de aliento” que acaba de publicar.

En esta constelación de poder, los otros países sólo pueden lograr algo si y sólo si pueden amenazar creíblemente con dañar la economía alemana, en caso que la política alemana no cambie. Esto se puede hacer en las circunstancias actuales (véase el apéndice de este trabajo) con un sólo instrumento: la amenaza de salida y una fuerte depreciación de sus propias monedas nuevas o con amplias medidas proteccionistas. Todas estas medidas apuntan a lo mismo, es decir, a bloquear el camino a los bienes alemanes al país o hacerlos prohibitivamente caros. Esa es la única amenaza seria, que puede ser utilizada por los países deficitarios. Una amenaza que apunte a recuperar la competitividad mediante una reducción de los salarios domésticos (que es la única alternativa a las medidas antes mencionadas) es completamente hueco, porque ahora todo el mundo sabe que con ello se perjudica más internamente que lo que beneficia.

Una amenaza de salida, pronunciada solo por Grecia, por supuesto que no habría impresionado fuertemente a la política alemana porque Grecia económicamente es simplemente demasiado pequeña para dañar a la economía alemana. Grecia solo podría haber amenazado con su papel pionero y un efecto dominó. En el caso de Francia e Italia es diferente, España también tiene un peso diferente. Si se agrupan dos o tres de estos países y amenazan seriamente a Alemania con una salida, la pesadilla mercantilista-neoliberal alemana terminaría rápidamente. Esta pesadilla no pasa obviamente porque la CDU sea comprensible, sino porque en ese momento la industria alemana le obliga a la CDU a ceder. En este caso incluso el euro podría seguir existiendo. En su defecto, el euro fracasará en cualquier caso, porque gobiernos nacionalistas anti-europeos en los países grandes, tarde o temprano utilizarán la única opción de poder que tienen, es decir, la salida.

Quien dice que la zona del euro es irreversible, está jugando directamente a favor del poderoso acreedor Alemania. Quien convoca a la cohesión de la Eurozona a casi cualquier precio y quiere impedir el nacionalismo, pero no puede proporcionar ninguna opción viable para poder cambiar la política alemana, es ingenuo. La historia demuestra que no hay una constelación permanente de distribución tan extremadamente asimétrica de poder que siempre vaya a expensas de las mismas naciones, sin conducir a graves conflictos. Quien defiende la sucesiva construcción política de Europa simplemente con la esperanza de que Alemania pueda ser domesticada, debe recordar que muchos han conectado exactamente esta esperanza con la Unión Monetaria Europea. Engañarse más no es posible.
Apéndice:

La amenaza de daño a la economía del agresor que actúa mercantilistamente (el país que devalúa) es indispensable y esencial en la historia, ya que de otro modo jamás habría habido una economía de mercado que funcione a medias a través de fronteras nacionales. Esto he descrito recientemente (aquí) como sigue:

„Lo que apenas puede objetarse, es el hecho de que la idea de la competencia generalmente se refiere a la competencia entre empresas. Ahí es donde corresponde. Las empresas deben demostrar su valía en la competencia, y la mejor empresa debe imponerse y tener éxito bajo las mismas condiciones (donde la igualdad de remuneración por igual trabajo debe estar en primer lugar!) mediante esfuerzos para mejorar la productividad en los procesos de producción o en los bienes y servicios producidos.

Si todo un país tiene ventajas competitivas frente a otro país por razones que no tienen nada que ver con las empresas individuales, pero beneficia a todas las empresas de ese país, eso es problemático en cualquier caso. En ese caso está distorsionada la competencia entre las empresas de los dos países. No importa mucho, de qué naturaleza son estos beneficios. Ya sea que el país cobra aranceles, reduce significativamente los impuestos para sus compañías o si les otorga fuertes subvenciones a sus compañías, si la moneda del país está infravalorada o si la política del país en un sistema de tipos de cambio fijos (o unión monetaria) ha asegurado que los salarios para todas las empresas suban menos (en relación a la productividad) que en los países con los que se ha acordado el cambio fijo, siempre surge un beneficio para todas las empresas de un país, que perjudica sistemáticamente a las empresas de los países contrapartes (independiente si en dicho país se trata de empresas más fuertes o débiles en competencia).

Sin objeciones ocurrió también a lo largo de muchas décadas que los otros países estén plenamente permitidos de defenderse de tales ventajas artificiales y proteger a sus empresas contra las desventajas asociadas. Por lo tanto, se permite (también de acuerdo con las reglas de la Organización Mundial del Comercio) introducir aranceles, devaluar la propia moneda o seguir un proceso de dumping contra tales países que apoyan a sus empresas nacionales.

Incluso la presión política sobre los propios salarios para compensar la ventaja salarial externa en sistemas de tipos de cambio fijos es una posibilidad. La forma más fácil en el pasado era a menudo recurrir a la devaluación. Caía un país en una crisis de balanza de pagos, es decir, en peligro de que ya no pueda financiar sus propias importaciones sin tener que pagar sobrecargas a la tasa de interés en el mercado de capitales, por lo general se buscó la solución tanto tipos de cambio flexibles como adaptables (como en el sistema de Bretton Woods, o en el Sistema Monetario Europeo EMS) mediante una devaluación. Esto reducía las importaciones, fortalecía las propias exportaciones y reducía de este modo la dependencia del mercado de capitales.
Tipos de cambio fijos son por decirlo así la promesa de los socios comerciales, de no socavar al otro en una u otra forma, de modo que recurrir a la opción de cambiar el tipo de cambio fuera necesario. Cuanto más fuerte es el vínculo de los tipos de cambio, tanto más fuerte tiene que ser la promesa de no subvaloración por el socio comercial, para que el sistema pueda sostenerse. Alemania ha optado en la Unión Monetaria Europea la forma mercantilista de subvaloración, es decir, a través de ajustar cada vez más su propio cinturón (ver, un análisis del mercantilismo aquí). Con ello ha roto la promesa que se halla subyacente al acuerdo para entrar en una unión monetaria. Con contratos construidos razonablemente, los socios comerciales no tendrían que atenerse al principio del libre comercio y en su lugar podrían introducir aranceles de importación contra Alemania para compensar el dumping alemán.

Pero los tratados europeos no están diseñados razonablemente, lo que se puede demostrar fácilmente. La Comisión arremete seria y masivamente hasta recurrir incluso ante el Tribunal Europeo de Justicia contra casos en los que los Estados favorecen a una sola empresa. Así que cuando Volkswagen, que fue un caso famoso, recibe un subsidio por parte del Estado, ya sea en forma de un terreno barato o en la forma de una garantía estatal de supervivencia debido a una participación directa del Estado en la propiedad de la empresa, entonces la Comisión sospecha de una distorsión en la competencia en detrimento de otras empresas en la UE y pide una indemnización o la suspensión de la subvención.

Sin embargo, si un país favorece a todas sus empresas a través de recortes de impuestos o presiones salariales, eso cae en el rubro “competencia de las naciones“ o „soberanía fiscal nacional“ y la Comisión no hace nada.

Pero por una subvención general en Alemania puede distorsionarse la situación de una empresa en Francia frente a su competidor alemán, exactamente de la misma manera que por una subvención individual. En general, sin embargo, el daño es mucho mayor que en una sola subvención, ya que todas las empresas francesas ahora sufren el dumping. Sin los tratados europeos Francia podría impulsar ante la Organización Mundial del Comercio con gran perspectiva de éxito un procedimiento antidumping contra Alemania o estaría junto con Alemania en un sistema monetario que sin grandes dislocaciones permitiría una devaluación de la moneda francesa.

Este argumento demuestra es que en ningún caso importa, si una nación es eficiente o productiva. Cada nación debe ser lo más productiva que le sea posible. Sin embargo, ninguna nación puede vivir conscientemente durante mucho tiempo por debajo de sus circunstancias (es decir, vivir por debajo de las posibilidades que se crean por su productividad), porque de lo contrario les arrebata a otras naciones la oportunidad de adaptarse a sus respectivas condiciones propias, es decir, disfrutar los frutos de su propia productividad. Dado que sería muy tonto si todas las naciones tratan de vivir por debajo de sus posibilidades, sólo porque una nación lo hace, debe haber mecanismos de compensación del tipo descrito anteriormente (es decir, derechos de aduana, devaluaciones de la moneda o procedimientos penales contra los disidentes).“

 

 

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